Vivimos rodeados de ruido. Trabajo, preocupaciones, responsabilidades, planes, teléfonos, prisas… y, en medio de todo, podemos pasar años sin hacer silencio para preguntarnos qué quiere Dios de nuestra vida.
Yo necesité subirme a una motocicleta y recorrer los caminos de Utah. Entre montañas, cañones, lluvia, frío, estrellas y largas carreteras, descubrí que aquel viaje no era solamente para conocer lugares. Era para volver a escuchar.
En el camino contemplé la creación, me pregunté nuevamente quién es Jesús para mí, aprendí sobre esperar, sobre soltar aquello que no puedo controlar y sobre recordar el propósito para el cual estoy aquí.
Una invitación a recorrerlas sin prisa, hacerte preguntas, guardar silencio y abrir la Biblia.
Tal vez no necesites una motocicleta.
Tal vez no necesites ir a Utah.
Tal vez solamente necesites detenerte.
Porque quizá Dios ha estado hablando desde hace mucho tiempo… y lo único que faltaba era hacer silencio para escucharlo.
Tu camino también empieza aquí.